El Proyecto

Los principios en los que se basa nuestro proyecto son: la creación de una comunidad educativa sobre una base de plena confianza mutua. La escucha activa por parte de los adultos acompañantes. El respeto a los niños y niñas como seres individuales, a sus derechos, a su capacidad de decisión, a su necesidad de explorar y descubrir el mundo, sus emociones, sus intereses y motivación. El respeto a los distintos ritmos de aprendizaje, crecimiento y desarrollo personal en todos sus aspectos (cognitivo, motriz, emocional y social). La creación de un clima de amor, confianza, seguridad y alegría para los niños La implicación de las familias y el educador. El fomento de la autonomía, autoestima, capacidad de concentración, creatividad, el respeto y las habilidades sociales entre los niños y niñas. El aprendizaje individualizado mediante el juego libre y en estrecho contacto con la naturaleza.

La responsabilidad de educar es de los padres y de su entorno más cercano. Siendo “la mejor forma de fomentar el aprendizaje la automotivación, la autorregulación y la autocrítica” (Sudbury Valley School). La capacidad intelectual y emocional que el niño tiene y desarrolla surge en los primeros años de vida, por ello, con este proyecto, se pretende crear un espacio donde las primeras experiencias con la vida en sociedad sean amables, creativas y serenas.

Creemos que desde el respeto a los procesos de vida, al autoaprendizaje y a la motivación propia, podemos ACOMPAÑAR a los niños y niñas en su desarrollo hacia la autonomía como individuo social. En nuestro camino, buscamos líneas que nos permitan re-aprender a respetar, escuchar, comprender y atender las necesidades auténticas de pequeños y adultos.

Si se transforma el modo de relación con los niños y niñas, estos crecerán más equilibrados, más seguros y más ubicados, construirán relaciones más justas, afectivas y sostenibles y tendrán una oportunidad más real de cambiar las estructuras que nos hacen sufrir, enfermar y sentirnos perdidos, fracasados e ignorantes. Un centro de encuentro y juego que nos ayude: a ser, a estar y a aprender. Se trata de crear un lugar en el que ampliar los conocimientos de niños y adultos bajo un reloj sin prisas

En definitiva, se trata de un rincón familiar para continuar ofreciendo a los niños la confianza, respeto y libertad que se necesitan para madurar y ser felices. Un lugar en el que dejarles expresar sus emociones, aprender de ellas, entrenar la resolución de conflictos sin sentir que sólo existen dos opciones: ser “los malos” o “los buenos”. Un tiempo de juego, disfrute y contemplación para sentirse niños. Un espacio para correr y dejar que su cuerpo baile, salte, se moje y se ensucie sin culpa ni presión.